¡QUÉ COSAS TIENE EL PANCHITO!

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El pasado martes tuve la ocasión de asistir a una conferencia ofrecida por el Canciller del Estado Plurinacional de Bolivia, David Choquehuanca. Al acto ofrecido en el Ateneo Mercantil de Valencia asistió lo más granado de la izquierda y cholos bolivianos que querían arropar a sus compatriotas. La sala estaba llena y expectante. No todos los días viene un alto dignatario del MAS a contarnos algo cara a cara sin el filtro de los medios de comunicación dominantes.

Dio la bienvenida Mónica Oltra, se interpretaron los himnos de España (sic.) y de Bolivia. El lo-lo-lo-lo conocido como Marcha Real y el himno de Bolivia, cantado por todos los presentes que se lo sabían, con un puño en el corazón y otro alzado al frente, no había duda de que la cosa prometía, de que alguien nos iba a dar una lección.

Saltó a la palestra un hombre sencillo, sin traje de chaqueta pero muy abrigado, como alguien que todavía se adapta a otro clima. Comenzó a hablar, rodeado de banderas de Bolivia, España, Comunidad Valenciana y una multicolor losanjeada llamada “Wiphala”. Como veremos, no es una bandera cualquiera como para que se le tenga que asignar un territorio o una etnia.

De repente, alguien que se suponía nos iba a hablar de explotación, de socialismo y de muchos tópicos latinoamericanos, comienza hablando de que todos los que beben la leche de Pachamama son hermanos y que esa leche es el agua. Prosigue en que somos hermanos no sólo todos los humanos sino los animales y las plantas, puesto que nos amamanta Pachamama. El rojerío patrio daba tregua: podría hablar de la diosa Cibeles, de Gea o de cualquier otro mito: hay recursos estilísticos para todos los gustos… Pero prosigue Choquehuanca con que hay que ir más allá, que no se puede hacer una reunión cuando la luna es nueva, pues una reunión se hace para manifestar una opinión y si la luna no se manifiesta el hombre tampoco. El personal asistente ya estaba fuera de órbita. Hablando del cosmos, de la Wiphala, del cosmocer… ¡Qué cosas tiene el panchito! Bien podría haber dicho alguno, pero el rojerío es así de falso cuando se trata de dar la razón a “uno de los suyos”. Alguno echaría en falta a Chávez y otros a Allende. El respetable aguantó porque había un póster de Evo Morales, pero no me pareció extraño ver en algunos rostros de los asistentes la misma perplejidad que la que mostraría un franciscano en el Perú hace cinco siglos. Pero la paciencia es virtud, y terminó Choquehuanca hablando de las multinacionales que no pagaban el agua que consumían, entre otras cosas. La gente -y sospecho que muchos cholos presentes- ya escuchaban algo de lo que venían a escuchar. El ambiente se iba caldeando y se llegó a interrumpir la conferencia con vivas a Bolivia, aplausos y reclamando “mar para Bolivia”. Choquehuanca respondió a su público y cerró con un “jallalla Bolivia” bien rotundo. Aplausos, danzas tradicionales y mucho agasajo al canciller. Ciertamente, Athauhalpa estuvo entre nosotros.

¿Pero qué entendieron muchos de los que asistieron? Pues se negaron a entender. Prefirieron ver al panchito -que así se les conoce de forma despectiva y racista a todos los amerindios americanos- y su discurso con una benevolencia condescendiente digna de Francisco de Vitoria. Choquehuanca estaba hablando de un enfoque indígena y es normal que choquen trenes en nuestra conciencia. Nunca entenderemos a un indígena si nos dejamos engañar por la apariencia de compartir una lengua. La conferencia iba de socialismo pero no desde una base marxista y por lo tanto materialista, sino de un marxismo sin Marx, sin necesidad ideológica de Marx, la conferencia era la explicación de cómo se puede hacer tortilla de patatas sin huevo ni patatas. ¡Y se puede! Hablar de la Wiphala era hablar de la bandera del universo y hablar del resto de banderas era hablar de lo que nos separaba. Para Choquehuanca, el consenso era la clave de un gobierno democrático, pero no un consenso ramplón y mostoso, sino un consenso que actúa “por lo que debe ser” sin renunciar a la discrepancia y al enfrentamiento. El cosmocer que exponía David era una forma de entender que nada existe si no existe el resto. No defiende un inmovilismo si dos fuerzas chocan. Al contrario, defiende una acción que no contempla la eliminación del rival, de su extinción ¡Qué lección nos dió Choquehuanca!

Es otra forma de entender el consenso imposible en nuestra concepción occidental donde los dioses ocupan su lugar matando a los más viejos o negando su existencia… Estamos ante un indigenismo que entiende la sociedad de otro modo y que aboga por combatir el individualismo. El gobierno de Bolivia es un gobierno de mayoría democrática que actúa -o pretende actuar- con una conciencia global.

El público se quedó con que la industria nueva boliviana iba a ser sostenible, adquiriendo tecnología sostenible de Francia y Alemania (España podría haber estado ahí pero hemos perdido mucho en esa materia), pero no se quedó con que para adquirir nueva tecnología iban a enviar a estudiar a todos los que supieran inglés de su país, pues no podían esperar a que los campesinos aprendiesen porque la urgencia marca los tiempos. Si no existiese esa cosmovisión, ¿A qué santo iban a enviar a los hijos de los criollos, a los cholos bien posicionados de escuela de pago al extranjero? Pues dijo Choquehuanca que estaban pensando en Bolivia.

Entonces y para concluir, Choquehuanca expuso una teoría sobre el estado del bienestar y la democracia mediante alegorías y lenguaje autóctono. No habló del proletariado o del indígena capaz de hacerse cargo del mundo, sino de interdependencia de todos los sectores de la sociedad boliviana. Habló de la interdependencia de todo el sistema universal entre el que destaca la naturaleza en su conjunto como sujeto activo. Todos somos importantes, todos tenemos derechos y por eso la solución está en todos y en todo, en vez de pensar que un grupo social puede ser una suerte de demiurgo capaz de ser autosuficiente a fuerza de voluntad y adoctrinamiento.

Eso fue de lo que nos habló Choquehuanca, de eso hay que debatir. Mucho me temo que algunos sigan pensando que lo de Bolivia es un socialismo bastardo y ñoño, necesario en el juego de alianzas y bloques extempóreos. Mucho me temo que algunos sigan pensando “¡Qué cosas tiene el panchito!”

Enric Palanca Torres
Alcalde de La Pobla de Farnals
Miembro de la corriente Esquerra Socialista del PSPV-PSOE
https://esquerrasocialistapv.wordpress.com/2015/11/12/que-cosas-tiene-el-panchito/

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