Vivir bien – David Choquehuanca, el caminante del Kapaj Ñan

Antes de llegar a la Cancillería, Choquehuanca era un caminante que recorrió el mundo para compartir y recuperar los saberes de pueblos antiguos que buscaban el vivir bien, el equilibrio y la complementariedad con la naturaleza.

David Choquehuanca, el caminante del Kapaj Ñan

David Choquehuanca en la antesala de su despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores

Ivone Juárez Zeballos

Las decenas de personas que lo escuchaban en el auditorio del Banco Central de Bolivia quedaron paralizadas por unos segundos cuando el canciller David Choquehuanca -después de oír a un funcionario que le habló al oído- interrumpió su conferencia para alertar que, a través de una llamada telefónica, se había recibido una amenaza de bomba en el lugar.

“Me acaban de comunicar que hay una amenaza de bomba, pero si ustedes se quedan, yo me quedo”, dijo el canciller en tono  sereno.

 Nadie se movió ni pronunció palabra alguna, lo que Choquehuanca interpretó como un “adelante”   y  continuó con su charla sobre el vivir bien,  una   filosofía de vida que nace de la cosmovisión indígena y    que   -asegura  el canciller-    los bolivianos estamos recuperando poco a poco, a partir del proceso de cambio que vivimos  y que nos convierte en el referente internacional de un nuevo “modelo de vida”.

En más de una oportunidad se le ha escuchado esta afirmación a  Choquehuanca, considerado el símbolo del indigenismo en el actual gobierno. Pero también se le ha escuchado  declaraciones que   desataron  mucha  controversia  y, en algunos casos, incluso hilaridad.

En eventos internacionales ha señalado que “el hombre está en el último lugar. Primero están las estrellas, las plantas, los animales y las piedras. Las piedras hasta sexo tienen para nosotros, hasta edad tienen. Hay piedras abuelo y piedras niño”.

También ha dicho que “si uno come papalisa no necesita viagra”.
Es que el primer hombre de la diplomacia boliviana, que nació en 1961  en una comunidad llamada  Cota Cota Baja, ubicada a  orillas del lago Titicaca,  y que asegura llevar la sangre real de los incas y que se formó en la Escuela Nacional de Formación de Cuadros Niceto Pérez de Cuba, es un líder político-religioso que sigue el  Kapaj Ñan, el camino de las personas que buscan el vivir bien.
Pero, ¿qué representa el vivir bien?
“Recuperar las leyes de la naturaleza,  el equilibrio, la complementariedad, aprender  a movernos de acuerdo a las leyes de la naturaleza, porque todos somos naturaleza”, responde el canciller.

El hombre que demanda  ser llamado indígena y no indigenista, asegura que en los nueve años que lleva en la Cancillería (es uno de los dos ministros que se mantiene en el gabinete de Evo Morales desde 2006)  ha impulsado la marcha de los bolivianos hacia el Kapaj Ñan,  incluso a través de la Constitución Política del Estado, aprobada en 2009, y la política internacional que lleva adelante su cartera de Estado.

Precisa que además de la implementación de políticas públicas que buscan el vivir bien de los bolivianos, también se comenzó a recuperar los códigos y saberes ancestrales de los pueblos originarios que practicaban y buscaban ese modelo de vida.

“Hemos incorporado la whipala a nuestra Constitución. Estamos en un proceso de recuperación de nuestros códigos. La whipala, el chicote, que no es un invento, sino la materialización de la serpiente; el poncho,  que está relacionado con la autoridad; las piedras, Tiwanaku, todo está relacionado con el vivir bien”, afirma Choquehuanca.

Y al referirse al contexto internacional, menciona la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), donde las decisiones se las toma por consenso, una de las  características del vivir bien.

“En Unasur ya no se las toma mediante la democracia, por mayoría o minoría; en los estatutos constitutivos se ha establecido que las decisiones se toman por consenso, de acuerdo a nuestra whipala. Hay algunos elementos que se incorporan poco a poco, el cambio no es de la noche a la mañana”, asegura el canciller Choquehuanca.

Unasur fue constituida en 2004 por los presidentes de los países de América del Sur. Está integrada por 12 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, que  buscan seguir los caminos del sur.  “Nosotros ya hemos propuesto al mundo que frente a la crisis global del capitalismo tenemos una propuesta: el vivir bien”, añade.

Vivir bien; vivir mejor
En la  antesala  de su despacho de la Cancillería del Estado Plurinacional, donde nos recibió David Choquehuanca  para sostener esta entrevista, llama la atención la forma cómo se dispuso la ubicación de la bandera nacional y de la whipala: una junto a la otra.
“La whipala está relacionada con el vivir bien y tenemos también la bandera boliviana, que está relacionada con el vivir mejor. Ambas están en el mismo lugar. En este momento los dos, el vivir bien y vivir mejor, están en equilibrio, ni arriba ni abajo, se complementan porque el cambio es poco a poco”, explica.
Sin embargo, se apresura a remarcar que en Bolivia no tenemos que trabajar sólo para estar mejor, sino para estar bien.
“Pero no sólo por el estar bien individual  (el sumaj jakaña), sino garantizar el bien colectivo (el sumaj kamaña) para lograr  que todas las cosas estén en su lugar (el kuska kamaña)”, añade.
¿Esto implica que la whipala tiene que reemplazar  a la bandera nacional?
“Es que nosotros tenemos que aprender  a movernos de acuerdo a las leyes de la naturaleza, porque somos naturaleza. Los presidentes y jefes de delegación que vinieron a la reunión del G77, todos en sus discursos plantearon el vivir bien como propuesta global a la crisis del capitalismo. En el lenguaje de ellos estaba el vivir bien”, responde  Choquehuanca.
Y añade que la whipala, que es un código que materializa el arco iris,  representa a los hombres que buscan el equilibrio y la complementariedad

Esencia indígena

El vivir bien es un modelo de vida que es la esencia de los indígenas, pero no sólo de la región suramericana, sino del norte y de todo el planeta, afirma el canciller, que practica  el código Ayra, que significa “practicar el estar sin estar”. “Nosotros decimos: estar siendo ocurriendo siempre nomás”, dice.

 Él en persona ha realizado diversos estudios e investigaciones que lo llevaron a diferentes lugares del planeta, donde evidenció que culturas ancestrales, al igual que las que existieron en Bolivia, tenían y buscaban ese modo de existencia: el vivir bien.
“Antes, los aymaras soñábamos ser k’amiri, persona que vive bien, por eso hablamos del pachacuti, que es el retorno al equilibrio. Los quechuas querían ser kapaj, persona que vive bien. Los guaraníes decidieron volver a ser iyambae, persona que no tiene dueño, que sabe moverse de acuerdo a las leyes de  la naturaleza. Los matacos querían ser huac  nayé, sólo personas”, cuenta Choquehuanca.
“Nosotros antes vivíamos en el Abya yala dentro del vivir bien. Dentro del Abya yala  todos vivíamos como hermanos, trabajábamos la esperanza, la unidad, la armonía, la paz y el amor”, añade.
Y otros pueblos antiguos, como  los hopis y  lakotas, del norte de Estados Unidos, también  buscaban el camino del vivir bien. Estas dos naciones  guardaban una profecía que señalaba que “cuando el mundo esté al borde del abismo y haya caos en la humanidad, desde el sur del continente emergerán vigorosos los guerreros del arco iris para devolver la armonía y la belleza a la Madre Tierra”.

los Guerreros del arco iris
Y al ser la whipala la materialización del arco iris,  Choquehuanca  señala que de ella emergen los guerreros del arco iris, que en estos tiempos no son sólo indígenas, sino aquellas personas que luchan por llevar al planeta por el camino del vivir bien.  Son luchadores que no piensan sólo en el bien de los seres humanos, sino en la armonía y la complementariedad entre el hombre y la naturaleza.
Estas personas están libres del individualismo, de odio y del resentimiento. “No comen, se alimentan, no bailan, sino danzan. Saben escuchar, saben meditar y gobernar”.
“Los guerreros del arco iris tenemos pasión y tenemos que despertar la energía de la vida, la energía comunal. Tenemos que dar lugar a un autopachacuti individual y luego a un pachacuti comunitario”, declara el canciller Choquehuanca.
Estos guerreros del arco iris también se denominan panaka pachacuti (hermanos del cambio) y no están sólo en el planeta, “porque la whipala se relaciona con el multiverso”.
“Estamos en todas partes. En esta sociedad, cuando vemos un platillo volador le decimos ovni, porque es algo desconocido para el occidente, pero para nosotros no, para nosotros es mekala, que representa que no estamos solos. Por eso digo multiverso, porque no hay un solo universo”, asegura la autoridad.
Y los  líderes de estos  guerreros  son los “abuelos que no tuvieron contacto con el occidente” y que al morir se convierten en wacas (piedras).
“Ellos nos dan una gran enseñanza. Nosotros  simplemente queremos volver a ser los hermanos del cambio. Somos laramas, que significa rebelde, sabiduría. Hay que alimentar la sabiduría. No hay que aplastar la rebeldía, hay que alimentar la rebeldía, hay que orientarla”, expresa.

El cosmoser
Y estos guerreros del arco iris tienen otra forma de entender el mundo, que trasciende del conocer: el cosmoser, que implica primero ser y después conocer.
“En el camino al vivir bien nosotros aprendemos a cosmoser. Cuando uno conoce la planta, la conoce desde afuera, lo estudia desde afuera, porque piensa que el hombre es el centro de todo. En cambio, cuando se consume somos plantas, somos parte. Somos jaguar, somos mallku (cóndor), somos katari (serpiente). Tenemos nuestro código, la whipala y la levantamos”, dice Choquehuanca.
Y remarca que la whipala es un código sagrado, no solamente para los aymaras y quechuas, sino para los guaraníes, chiquitanos,  los samis, que habitan Noruega, los  nahuas y mayas de México, sino de todos los pueblos del mundo  que buscan la complementariedad y el equilibrio.

Códigos recuperados
Y en este Kapaj Ñan, el camino de las personas que buscan el vivir bien, el canciller   Choquehuanca señala que en Bolivia se están recuperando muchos de los símbolos y códigos de los pueblos ancestrales que tenían este modelo de vida.
“Son más de 500 años en los que nuestros saberes y  principios fueron enterrados, pero estamos comenzando a destapar nuestros tesoros, nuestros códigos que garantizaban el equilibrio a las personas, que garantizaban la felicidad. Teníamos música para curar la tristeza”, dice.
Enumera que se ha recuperado el chicote, que representa a la serpiente;  el poncho, que implica autoridad; las piedras que representan a los yatiris que tras la muerte el inca Atahuallpa formaron un círculo y dijeron: nos convertiremos en piedra y volveremos en 500 años.
“Recién estamos destapando nuestros códigos. El código Kanta taita (de luz) que está en Tiwanaku, pero aún no lo leemos. Está también el código pachacuti, que está en las piedras, en Tiwanaku, el código willca, igual a hombre luz”, dice.
El líder político-religioso  indica que en esa línea se decidió cambiar la dirección de las manecillas del reloj que se encuentra en el edificio de la Asamblea Legislativa, en el centro político de Bolivia: la plaza Murillo.
“Ahora el reloj está girando como debería de girar siempre,  de acuerdo a la ley de la naturaleza. En el hemisferio sur, donde estamos nosotros, el reloj tiene que girar a la izquierda.  En el hemisferio norte el reloj gira hacia la derecha. Nosotros estamos en el sur, no estamos en el norte y tenemos que caminar por los caminos del sur para valorar lo que tenemos en el sur”, explica.
En la  lista de los códigos recuperados están también la Illa del Ekeko, la estatuilla precolombina  que se encontraba en el Museo de Historia de Berna,  Suiza.
“Hemos logrado que retorne esa energía de la abundancia. Ahora está con nosotros y es parte del Cusca Kamaña (cosas que vuelven a su lugar)”, afirma.

Movimiento que trasciende
Choquehuanca afirma  que los avances que Bolivia tiene en el vivir bien están siendo compartidos con diversos países, no sólo de la región, sino de otros continentes, como Bhutan, que se encuentra en el sur de Asia, en la cordillera del Himalaya.
Bhutan es un país que busca la felicidad y sus presentantes llegaron a al país para compartir sus  experiencias.
El canciller añade que a raíz de algunas determinaciones jurídico legales asumidas en Bolivia, como la Ley de la Madre Tierra,   despertaron el apoyo de países como México y Ecuador, por ejemplo.
Y Bolivia, a través del presidente Evo Morales, llevó a las Naciones Unidas su propuesta de armonía con la naturaleza y que el agua sea un derecho humano fundamental, añade Choquehuanca.
“Y nos hemos hecho escuchar con Naciones Unidas. Llevamos esa propuesta para que tomemos consciencia de que cuando hablamos del planeta, no estamos hablando de un planeta que no tiene  vida, sino de un planeta que siente, que piensa, que estamos hablando de nuestra madre”, dice.
“¿Quién llevó la propuesta para que Naciones Unidas declare el 22 de enero Día Internacional de la Madre Tierra? Es nuestro Presidente, que es un guerrero del arco iris”, continúa.

Caminante del mundo
Choquehuanca, que asegura ser descendiente de incas, antes de llegar a la Cancillería del Estado Plurinacional de Bolivia era un “caminante” -como afirma él mismo- que recorría el mundo investigando los saberes de las culturas ancestrales, tanto de Bolivia como del mundo.
“Estaba en Santa Cruz, en Tarija, en África, Suiza, Brasil o España. Estaba en todas partes, compartiendo y recuperando saberes ancestrales que iban en el camino del vivir bien”, dice.
Entonces ya era practicante del Código Ayra, conjunto de saberes que dejó el movimiento religioso indígena que se dio en la época de la Colonia contra la dominación religiosa española, encabezada por Juan Chojné. Ese movimiento se denominó taki  onqoy, (baile de la sanación).
El 12 de octubre de 2012, el gobierno de Evo Morales celebró el tercer taki onqoy, el  de la revolución. De acuerdo a autoridades del Viceministerio de Descolonización, el primer taki onqoy, que se realizó en la época de la Colonia con Juan Chojné, representó la resistencia.  El segundo surgió con el movimiento de Túpac Katari y Túpac Amaru y  significó la liberación.
“No nos enseñaron las enseñanzas de Juan Chojné porque tuvieron y tienen  miedo. Juan Chojné nos dejó un código, el Código Ayra, que significa practicar el estar sin estar. Nosotros decimos: estar siendo ocurriendo siempre nomás”, expresa el canciller.
El movimiento taki onqoy sigue el Kapaj Nan para construir una nueva sociedad sin racismo, más  incluyente y más participativa. Ya se dieron  los primeros pasos con la nueva Constitución Política del Estado, afirma.
“Tenemos que volver a  nuestro pachacuti, que significa el retorno al equilibrio”, insiste Choquehuanca.
Por eso, cuando termine su gestión en la Cancillería   volverá a ser aquel caminante que quiere “organizar” a los pueblos para cambiar las cosas, como lo hace desde la década de los 80 del siglo pasado con el movimiento campesino, desde donde trabajó  la campaña “500 años de resistencia”.
“Cambiar las cosas no está en manos de los congresista, ellos no pasan de 200; no pasa por los ministros, son más poquitos. El poder de cambiar las cosas está en manos del pueblo. Hay que organizar al pueblo, yo soy un organizador”, asegura.

https://fbcdn-sphotos-d-a.akamaihd.net/hphotos-ak-xtp1/v/t1.0-9/10609527_10203783364217167_7858220712530820915_n.jpg?oh=91c1481daefcc2de631810c311aa77d5&oe=55BC8A98&__gda__=1438153053_7408f1dd7a3993a906670b3a44e6d4d9

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s